RADIO KOSMOS CHILE

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30.3.08

HUGO CORREA, ...descansa en las inmensidades del espacio...


Un último homenaje a un escritor chileno.

HUGO CORREA INICIA VIAJE POR EL INFINITO
Por Marcelo Novoa.


Hoy 24 de Marzo del 2008 ha fallecido Hugo Correa, el principal escritor de Ciencia Ficción de Chile.

¿Pero, los lectores del presente auscultaron alguna vez esta verdadera esfinge del futuro?


A manera de saludo póstumo, les informamos sobre su trayectoria siempre solitaria y sus poco difundidas obras, que ciertamente, abrieron el camino para que existan sitios, blogs y autores aún desperdigados por las escasas editoriales interesadas en el género fantástico.

En la misma colección de Editorial del Pacífico, donde asoma un joven Lafourcade con "La fiesta del Rey Acab", Hugo Correa publicó Los Altísimos (1959), una rareza por donde se le mire, pues esa colección no vuelve a incluir otros autores de ciencia ficción, además de adelantarse a clásicos como Larry Niven (Mundo Anillo, 1970) y Arthur C. Clarke (Encuentro con Rama,1973) al describir estética y exhaustivamente un mundo artificial en conflicto, sin soluciones facilistas ni ramplonas descripciones.

Es claramente uno de los clásicos modernos de CF Latinoamericana, junto a Bioy Casares, Gorodischer y Arango. Pues, es el único escritor chileno del género que tiene publicaciones en España, bendecido por un sacrosanto Ray Bradbury, además de contar con traducciones al alemán, inglés, francés, portugués y sueco. Por cierto, su notoriedad será mínima, en relación a la "corriente principal" -realista a ultranza- que guió todo el siglo XX de las letras chilenas.



Luego vendría El que merodea en la lluvia (1962), donde enrarece un ambiente rural con la presencia del monstruo extraterrestre de rigor, en una lograda fusión de terror campesino e intriga existencial; Los títeres (1969) reúne cuatro relatos acerca de robots y sus amos humanos, quienes ya no quieren tener tratos ni contactos reales y para ello se sirven de estos verdaderos "alter egos".

Para llegar a Alguien mora en el viento, (nouvelle publicado en 1966) y luego incluido al final de la colección de narraciones: Cuando Pilato se opuso (1971). Es una bella y terrible historia de astronautas varados en una isla vegetal que flota en las apremiantes corrientes aéreas de Venus. Aquí brillan las virtudes literarias de la prosa de Correa, tanto para crear atmósferas opresivas, como para sugerir a través de diálogos breves todo el dramatismo de unos personajes enfrentados a conflictos universales, como la inmortalidad y el deseo por sobre al amor.

En Los ojos del diablo (1972) vuelve a incursionar en una variedad del realismo mágico terrorífico ambientado en el campo chileno. Sólo las reediciones de Los Altísimos (73 – 83) asaltan solitarios el paisaje desolado y apolítico de esa década de censuras, torturas y desapariciones.

Más tarde, publicará El Nido de las Furias (1981) que es su aporte a las distopías autoritarias tan queridas por el género a partir de los 70, con la creación notable de un dictador apremiado por poderes ocultos que no alcanza a manejar a su antojo. Luego, volvería sobre sus preocupaciones metafísicas, con su novela Donde acecha la serpiente (1991) que pone al mismo Lucifer como uno de los protagonistas de esta historia.

Y le toca el turno a su última novela: La corriente sumergida (1993) que contradictoriamente, cierra su ciclo novelesco con un retorno a la infancia y adolescencia, a través de una narrativa realista sobre cierta picaresca de bares y pensiones, que solía existir en los años cincuenta en Santiago de Chile.

Retirado de la escritura por mano propia, se le pudo ver y leer -por última vez- en la Antología de la Ciencia Ficción chilena de todos los tiempos: Años Luz (Puerto de Escape, 2006). Hoy cualquier homenaje será tardío, pero algunos podemos estar tranquilos de haber aplaudido y celebrado a este pequeño gigante de las letras de anticipación, cuando correspondía, en vida, rodeado de libros en la sala Ercilla, de la Biblioteca Nacional.

Podemos concluir que la obra medular de Hugo Correa representa la maduración estilística de temas y recursos que, tímida pero sostenidamente, habían generado un espacio a la vera del realismo patrio. Y permite incluso, vislumbrar su influencia positiva en los autores de relevo, que sólo florecerán hacia el final de la década de los 80tas. Un adelantado de sí mismo.

Aunque este autor ya no recibió reconocimiento mayor (aunque el fándom local le conoce y admira), es entre los jóvenes lectores (des)informados donde sigue siendo una incógnita por resolver. Lo que nos invita a reflexionar sobre la diversidad de caminos que la imaginación suele tomar a la hora de emprender vuelo poético. Y la cada vez más necesaria generosidad de los lectores de una época, para reconocer a sus verdaderos talentos.

Hugo Correa viaja plácidamente por el infinito, y sólo nos queda alzar la vista y leerle en medio de las estrellas, nuestro hábitat final.



NOTICIA DE ÚLTIMO MINUTO:

HUGO CORREA INGRESA A LA ETERNIDAD POR PROPIA TELETRANSPORTACIÓN.
Entrevista de Marcelo Novoa en Agosto del 2005

Un hombrecito pequeño, que cojea y mantiene un rictus reconcentrado, casi de melancolía permanente, nos recibe en su departamento del barrio alto de Santiago.

Hugo Correa (1926) es el indiscutido futurnauta chilensis, siempre en solitario viaje hacia la inmortalidad lectora. Por ello, este interrogatorio –casi fantasmagórico, pues alguien le dio por muerto hace poco- aún resuena en los pasillos de la mente.

P: Usted nació en Curepto, Don Hugo. ¿Cómo se logra fantasear en una ciudad de provincias tan alejada de los centros urbanos?

R: Era un niño solitario que gustaba de imaginar historias…

P: A propósito ¿cuáles fueron sus lecturas formadoras?

R: Mi padre tenía una muy buena colección de Julio Verne, recuerdo las novelas más clásicas: “De la tierra a la luna”, “Veinte mil leguas de viaje submarino” y “La isla misteriosa”.

P: Al igual que Verne, usted no se ha movido de su escritorio y aún así ha viajado por otros mundos…

R: Lo que pasa es que en esa misma época yo leí mucho a Flash Gordón, Roldán el Temerario, a los niños nos atrapaban esas tiras cómicas, incluso más que los libros.

P: ¿Y qué otro autor o estímulo recuerda de su infancia?

R: “Los primeros hombres en la Luna” de H. G. Wells me impresionaron mucho ¡porque eran muy divertidos!

P: ¿Entonces usted tendría una pandilla, unos compinches con quienes comentar estas lecturas?

R: Aunque no me lo crea, con mi padre compartíamos mi afición por las novelas de aventuras de Verne. Porque aunque este francés no escribía ciencia ficción como tal, era muy científico cuando describía plantas y animales de manera muy precisa.

P: Entonces ¿cuándo llegó la escritura?

R: En el Liceo de Hombres de Curico llené un cuaderno de composición con mis historias, que después no usé, sino que de ahí saqué muchas ideas. Ahí tenía uno o dos amigos con quienes íbamos al cine. Pero nunca les mostré lo que hacía, de hecho nunca las terminaba, empezaba con un capítulo de novela y hasta ahí llegaba…

P: ¿Y cómo pudo terminar “
Los Altísimos”, entonces?

R: Mucho después, en el año 55, cuando trabajaba en El Mercurio llevé mis originales a Miguel Arteche, quien le quitó todo el ripio y me ayudó a publicarlo en la Editorial del Pacífico. De hecho, en la misma época que me publicaron, en esa colección salió “La fiesta del Rey Acab” de Lafourcade, quizás por eso me tildaron después que pertenecía a la Generación del 50, cosa que nunca fui, por lo demás.

P: ¿Cómo lo influenciaron los autores del género?

R: Cuando llegó la revista argentina “Más Allá” que era muy buena, pues traía antecedentes y temas científicos muy sólidos y también escritores que empecé a conocer desde las portadas, porque no las podía comprar todas.
Después de mucho forcejear para que nos entregue nombres que lo influyeron, rasgo de su personalidad que le ha traído más de un problema entre sus colegas, nos suelta prenda: está bien, leí a Bradbury, Asimov y un par más… Fin del asunto.

P: ¿Cómo fue la crítica del momento sobre “Los Altísimos”?

R: La crítica fue buena, porque fue nula. Alone la despreció olímpicamente y otros críticos la atacaron sin piedad, porque no le encontraban ningún mérito, porque la ciencia ficción, entonces, era la hija menor de lo fantástico. Lo raro era que los comics sí eran aceptados, pero no así la literatura, qué curioso…

P: ¿Qué pasó con sus libros posteriores? Por Ej., “El que merodea en la lluvia”…

R: Ah, le fue muy bien, porque como tenía un ambiente campesino, junto con la atmósfera de terror, pienso que la confundieron con el realismo mágico, que todavía no existía…

P: ¿Cómo era el trato del resto de los escritores?

R: La mayoría me aceptaba de buena fe, pero sin mucho entusiasmo, en general, cada vez que participaba en un encuentro de escritores, existían personas que se veían en la necesidad de demostrar que la literatura de CF no era literatura, que no tenía ninguna seriedad. Eso duró hasta que apareció mi siguiente libro y se tuvieron que conformar, hasta hoy… (Sonríe enigmático).

P: ¿Piensa que la Literatura Chilena le debe un reconocimiento, un homenaje o algo así?

R: Nunca busqué reconocimiento ni promoción, sino que las editoriales regularmente se interesaban por mi obra. Nunca he esperado otra cosa, sino simplemente que los lectores encuentren bueno lo que escribo.

P: ¿Y tiene planes de seguir publicando?

R: No, estoy en zona seca ahora mismo ¿y sabe por qué? Porque la Ciencia Ficción debe que estar supeditada al tema, no se puede escribir un drama truculento ambientado en otro planeta, sino cosas que pueden ocurrirnos a todos, pero en un futuro. Porque el hombre siempre necesita saber más. Piense que recién estamos comenzando nuestra historia, estamos en un planeta pequeño, aislado del universo, que se siente solo en el espacio. Aún no sabemos si la estrella más próxima, como alfa Centauro, está habitada o no, no sabemos nada.

P: ¿Y qué piensa desde los 50tas hasta hoy, siglo XXI, ha cambiado su percepción del mundo?

R: Nada de lo que ha pasado me ha asombrado. Nada me ha sacado mucho de mis ideas. Tal vez la bomba atómica, porque la maldad humana no tiene límites. Yo admiro mucho al pueblo americano, pero tanto los hombres blancos, sean europeos o yankis, miran en menos cualquier otra raza, de manera gratuita y antojadiza. Cuando sabemos que el futuro está en China, con sus millones de habitantes.

P: ¿Por último, qué opina del futuro de Chile? ¿Tenemos vuelta o no?

R: Aquí siempre estamos en un presente que se prolonga, que no pasa nada. Los grandes descubrimientos no pasarán aquí, porque no se estimula la investigación. Por eso la Ciencia Ficción está al servicio del ser humano, es una proyección del hombre hacia el futuro, a formar conciencia de un tiempo que no viviremos. Pero lo que le quiero decir es que la literatura es una sola. Así que si me pregunta, la Ciencia Ficción no tiene mayor importancia si no es buena literatura. La gente no debiera tomarla de otro modo, ni obsesionarse ni nada, sino que esperar de ella lo que pueda dar: un gran salto de la imaginación…

Luego, su amable esposa nos interrogaría sobre los libros de Correa. Pues los estaba comprando todos, aunque no a los precios de coleccionista que se tazan hoy sus ediciones.

Queremos seguir junto a este adelantado de nuestras letras, pero cae la noche y Hugo Correa es un hombre mayor, quizás, más de mil años.

¿Y los nuevos lectores alcanzarán a interrogar a esta esfinge del mañana?

Nuestra misión había concluido y debíamos volver a casa. A pie, por cierto.

ACERCA DE “ALGUIEN MORA EN EL VIENTO”

Escrito por Sergio Meier Frei.

A mediados del siglo XX, Hugo Correa cometió un imperdonable pecado: el de convertirse en escritor de ciencia ficción en Chile, lo que es similar a serlo en Pakistán o Zimbabwe. Es decir, un tercermundista condenado a la inexistencia, por carecer de toda posible influencia en la hegemonía cultural de la lengua inglesa.


Sin embargo, aún conciente de su “privilegiada” situación, Correa se atrevió, en un acto decididamente revolucionario, a tomar la pluma para crear una serie de relatos y hasta de novelas que se equipararan con el nivel más exigente del género. Junto a interesantes obras en que, como el caso de “Los Altísimos” (1959), se adelanta a la trama del clásico “Mundo Anillo” (1971), de Larry Niven, o “Los Títeres” (1969), donde como Dick, trabaja el tema de los “replicantes” en sus implicaciones sociológicas, destacan varios de sus relatos, que tuvieron la proeza de romper con los límites de nuestra cordillera, para ser publicados en dos de las revistas más famosas y especializadas del mundo (nos referimos a las míticas “The Magazine of Fantasy & Science Fiction” en EE.UU. y “Nueva Dimensión”, en España).



De entre todos sus imaginativos relatos, consideramos notable uno en particular, “Alguien mora en el viento”, acreedor del premio “Alerce” de la Universidad de Chile en l959.

Su original trama transcurre en un extraordinario planeta, barrido constantemente por fragorosas nubes blancas y negras, una especie de ominoso Júpiter fuera de nuestro sistema solar, y en el que varias expediciones terrestres han naufragado, sin volverse jamás a saber de ellas.

Otra nueva astronave ha sido atrapada por la gravedad del dantesco planeta y en su intento de escape son elegidos al azar tres tripulantes, para ser sacrificados arrojándolos en pequeñas cápsulas. Curiosamente, los nombres de los elegidos (Igor, Bob y Pedro) parecen hacer alusión a un ruso, a un norteamericano y a un chileno, lo que se confirma por el carácter más soberbio de los primeros y el más resignado del último, quién se conforta con los recuerdos nostálgicos de su hogar, en un país del sur donde en invierno la madera de eucaliptos arde en la chimenea.
Más adelante descubriremos (y he aquí lo interesante) que como en el océano oleaginoso del orbe de “Solaris” (1961), de Stanislav Lem, existe una inteligencia invisible, latente entre las corrientes de nubes tormentosas.


Igor, al parecer, es el primero en morir, al chocar contra la superficie del planeta. De Bob, luego de maldecir su suerte, se pierde todo contacto, quedando sólo Pedro en vertiginosa caída entre las salvajes corrientes. Sin embargo, el destino lo hace aterrizar en una “nube-isla” de apariencia biológica, similar a los millones de detritos que giran en el aire (“Todo cuanto lo rodeaba no era sino la atmósfera del planeta que arrastraba en sus entrañas una fauna vegetal y tal vez animal, liviana y sutil, como los gelatinosos cuerpos marinos”).

Para su sorpresa, Pedro ve su cápsula hundirse en la oscura isla, temiendo ser absorbido cuál Jonás por alguna ballena extraterrestre. Pronto descubre estar en el interior de una galería con gruesas y suaves paredes, con una atmósfera respirable y que le conduce (como en un descenso al país de las hadas) por una senda cubierta por diversos hongos hacia una enorme gruta interior, donde encontrará a una hermosa joven que le espera bajo un pequeño sol artificial y junto a una laguna bordeada por singulares vegetales.La joven, que es descendiente de cierta expedición pérdida, y de la que ya no quedan más sobrevivientes, le acoge en ese oasis subterráneo, haciendo sentir a Pedro casi como Adán en un nuevo Jardín del Edén


Si quisiéramos aplicar el psicoanálisis a la obra, encontraríamos obvios simbolismos, tanto en la elección de los personajes (nuestra resentida posición frente a las superpotencias del mundo y el afán por superarlas), el enorme planeta de vientos huracanados (las pulsiones destructivas, la sociedad que parece querer arrancarnos el control de nuestra vida), aquella “nube-isla” (que acoge al protagonista como si del útero protector de la madre, o de la mente, se tratase) y esa joven que representa, en su inocente y desprejuiciada libertad, a la triada arquetípica de virgen-madre-prostituta…

Sin duda, el momento más alucinante y poético de la historia se nos ofrece cuando, tras ella revelarle la existencia de una razón oculta tras los vientos, y que les mantendrá eternamente jóvenes, invita al protagonista a volar a través del planeta, sirviéndose de una ruta segura por entre la vorágine de las corrientes. La belleza descriptiva de aquél viaje alcanza inusuales cimas de imaginación:

“La luz permitía ver el paisaje, a través de una cortina vaporosa bordada con figuras que se debatían… Ciclópeas flores, con pétalos, estambres y pistilos, tenues y transparentes como los celentéreos, deslizábanse con lentos y armoniosos movimientos. Las plantas absorbían agua y alimentos mediante las raíces filamentosas que en grandes racimos pendían bajo ellas. Los océanos, transformados en neblina, viajaban por la atmósfera llevando consigo un millón de cuerpos distintos; los seres animados –sutiles y livianas formas- también giraban en el interior del huracán.

Sólo allí existía calma para vivir, para reproducirse, para morir. Cerca de tierra firme corrían el riesgo de estrellarse y deshacerse contra el suelo. A veces los minerales en polvo coloreaban la corriente con tonalidades que degradaban lentas. Como en el interior de una arteria atestada de translúcidos glóbulos en rotación. O dentro de una tubería de oro etéreo que, a lo lejos, cambiara de color”. Ella le indica que hay que cuidarse de las corrientes oscuras, porque “arrastran objetos de gran tamaño y peso, que podrían destrozarte en un santiamén. Ahí están los restos de los naufragios; nubes de piedras y arena que, desde los primeros tiempos, son arrastrados por el viento. Y también hay muertos. Todo lo que deja de existir en las corrientes blancas es expulsado a esos torbellinos. Son verdaderos cementerios. Los tripulantes de las astronaves terrestres que han caído en el planeta flotan en esas ráfagas...”

Al regreso encuentran a Bob, que ha llegado tras muchas peripecias al jardín interior, y que ante el feliz recibimiento de Pedro, no hará más que enrostrarle lo inmerecida de su suerte, por haber encontrado primero aquél oasis y aquella mujer, que deseará poseer sexualmente.El arrogante Bob, contra el humilde Pedro, parecerá rápidamente hacerse del mando, seduciendo incluso a la joven de la que el protagonista había empezado a enamorarse.Más, poco a poco va quedando en claro el sentido moral de la historia, la dialéctica sugerida por las corrientes blancas y negras, las corrientes de vida y de muerte, del bien y del mal...

Un planeta que acoge y premia a los humildes y nobles, pero que desprecia y castiga a los soberbios, egoístas y ambiciosos.Insistimos, nos recuerda en cierto grado a “Solaris”, sólo que “Alguien mora en el viento” es al menos dos años anterior. ¿Acaso no se tratará del intento del planeta por comunicarse? ¿No será el mismo subconsciente de los protagonistas lo que decide su destino?...

No revelaremos el final de la historia, que esperamos el lector tenga a bien disfrutar como nosotros. Sólo diremos que hasta hoy en día no ha envejecido un ápice, en cuanto a forma y fondo. Para el ojo avizor, una historia religiosa, moral y hasta política, que nos demuestra la humanidad y sabiduría de Hugo Correa, quién además podrá ser comparado con Bradbury, Clarke, Aldiss o Ballard, pero que incuestionablemente es original, latinoamericano, y siempre un ejemplo de las posibilidades literarias de la ciencia ficción.



Hasta aquí el homenaje a un hombre de letras que conocí por allá por los años 60 y del que me honro de haber sido de él un conocido más. Recuerdo aquellas conversaciones en el Café Il Bosco de Alameda entre Estado y San Antonio, en donde asistía la bohemia del Santiago, la de los políticos jóvenes, la de los artistas que recién iniciaban su carrera artística. Ese Santiago que hoy ya no existe. Allí conocí a Hugo Correa, luego visite su Depto., su casa, de calle Providencia. Aún tengo un libro, por allí guardado, que me regalo de Julio Verne.

Otro amigo de mi generación que emprende el vuelo a la nada. Descansa en paz Hugo Correa.

Por Hugo Pinaud.

8.3.08

HOMENAJE A NUESTRAS MUJERES
EN EL
DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER
8 DE MARZO

Premios Nacionales de Ciencia.
MARIA CECILIA HIDALGO TAPIA (2006)

Bióloga molecular de la Facultad de Medicina de la U. de Chile y primera doctora de este plantel. Premio "Amanda Labarca" e "investigadora del calcio". Este elemento, además de participar en la formación de los huesos, es mensajero de la vida, lo que depende de su concentración. Sin calcio no habría latidos del corazón ni comunicación entre las neuronas. Descubrió aspectos moduladores del calcio para entender el Alzheimer y el Parkinson. También el rol que cumple en el balance oxidativo de las células que, exagerado, las daña. Miembro del Consejo de la Unión Internacional de Ciencias Fisiológicas.

Premio Nacional de Ciencias Exactas 1997
MARIA TERESA RUIZ GONZALEZ (1946)
María Teresa Ruiz, es la primera persona en obtener el grado de Licenciado en Astronomía, otorgado por la Universidad de Chile, y con estudios en la Universidad de Princeton.
Obtiene Premio Nacional de Ciencias Exactas por sus estudios de las estrellas enanas de baja masa, entre las que se cuenta el descubrimiento de una supernova.
Dicho premio es un reconocimiento a su destacada labor en el campo de la Astronomía. Se le considera de gran importancia por su contribución al desarrollo de la astronomía en Chile a través de la formación de discípulos y de la organización de la comunidad científica nacional en esta disciplina.
Primera mujer que recibe este galardón en esta denominación.

Premio Nacional de Ciencias de la Educación de Chile

Teresa Clerc Mirtin
Premio Nacional 1981


Ella se formó acá como profesora de castellano, pero su mayor labor la desarrolló en el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas del Ministerio de Educación y en la Universidad Católica. Esta educadora se distinguió por preocuparse de crear buenos textos de lecto-escritura para la educación básica y por ser una destacada especialista en metodología de la enseñanza del castellano en la educación básica, especialmente del primer ciclo.

Viola Soto Guzmán
Premio Nacional 1991

Viola Soto Guzmán estudió Pedagogía en Historia y Geografía en el Instituto Pedagógico; fue jefe técnico del Liceo Manuel de Salas y ha sobresalido en la vida académica en esta Universidad y en la Pontificia Universidad Católica de Chile como una destacada curriculista que se ha centrado en el currículum crítico. En la UMCE fue vicerrectora académica con el retorno a la democracia, y precandidata a la Rectoría en 1994; además, estuvo a cargo del Programa de Post- Grado y Post-Título entre 1995 y 1999. Recibió el Premio Nacional de Educación en 1991.

Mabel Condemarín
Premio Nacional 2003
En el año 2003, el Ministerio de Educación de Chile otorga el Premio Nacional de Educación a Mabel Condemarín, como un reconocimiento a su fecunda trayectoria académica, como representante de la mejor tradición de profesores normalistas que enriquecieron la práctica pedagógica del país, como testimonio de seriedad y compromiso sostenidos, para contribuir a mejorar la calidad de la educación, desarrollando permanentes esfuerzos de investigación, estudio, producción y formación, dando prueba de una gran generosidad, calidad humana y sensibilidad frente a las necesidades de los niños de sectores más desfavorecidos y de los maestros de Chile.


Otras mujeres que engrandecieron a Chile desde la Educación

AMANDA LABARCA

Nació en el año 1886.
Gracias, en gran parte a su empuje, las mujeres han conquistado el derecho a voto, a la educación y a la libertad. En escuelas y colegios, modernos sistemas de enseñanza reemplazan a antiguos métodos de aprendizajes. Las escuelas de temporada, los institutos binacionales, el acercamiento de la Universidad a la realidad cotidiana... en todo está presente el espíritu incansable de esta educadora, escritora y feminista.
Pensamiento: “El maestro, esencialmente, debe aspirar a ser artífice, despertador de fuerzas espirituales, un transformador de fuerzas en capacidades precisas de acción”
Fallece el 2 de enero de 1975.


SARA GUERIN DE ELGUETA

Estudió en la Escuela Pública Nº 18. Continuó en la Escuela Normal Nº 1 de Santiago. Más tarde Profesor de Estado en Matemática y Física.
En 1896 inició la carrera profesional como profesora de Matemática y Castellano en la Escuela Normal Nº 1.
Asume la dirección del Liceo de Niñas de Talca (1901-1903).
En el año 1904 se le designa Directora del Liceo de Niñas Nº 4 Paula Jaraquemada de Santiago, cargo que desempeñó por 23 años.
Esta educadora, junto a Isaura Dinator y Amanda Labarca, son las figuras más destacadas en el debate por el desarrollo de la educación secundaria femenina y en la aplicación práctica de sus progresos en los primeros 25 años del pasado siglo.



REVERENDA MADRE ANA DU ROUSIER
Reverenda francesa del Sagrado Corazón, contratada por el Gobierno de Chile en el año 1843.
Nombrada Directora de la primera Escuela Normal de Preceptoras, fundada el 5 de enero de 1854, en la presidencia de Manuel Montt.


BRÍGIDA WALKER GUERRA

Nació en Copiapó en 1863.
Estudió en escuelas públicas de Valparaíso.
Al fallecer su padre, a los 15 años empezó a ganarse la vida como profesora del Colegio de Madame Claret, prestigioso establecimiento educacional femenino porteño.
Más tarde ingresó a la Escuela Normal Nº 1 de Preceptoras de la cual se tituló en el año 1889. Al año siguiente fue nombrada profesora de la escuela en que se graduó.
Primera Directora Chilena de la Escuela Normal Nº 1 de Mujeres de Santiago, cargo que ejerció desde 1903 hasta 1922.

GERTRUDIS MUÑOZ DE EBENSPERGER

Ostenta el primer título otorgado en el país de Profesor de Estado en Filosofía.
Profesor de Francés, alemán y Profesor Normalista.
Da clases de alemán en el Liceo de Aplicación y Liceo Nº 3 de Santiago.
Profesor de Filosofía y alemán en el Instituto Pedagógico.
Directora del Liceo de Puerto Montt.
Ejerció, por 25 años, en la Escuela Normal Nº 1 (1929 – 1954)
Murió el 15 de marzo de 1990.

FILOMENA RAMÍREZ

Profesora Normalista y Profesora de Ciencias.
Se doctoró en la Universidad de Bruselas, en Botánica.
Fue Directora de la Escuela Normal Nº 1 de Niñas.
Obras: “Bellezas Naturales de Chile”, “Viaje de Estudios”
IRMA SALAS SILVA


Hija de Don Darío Salas Díaz, nació en Santiago en el año 1903.
Se recibió de Profesora de Educación Primaria en la Escuela Normal Nº 1 de Santiago.
En 1924 se tituló de Profesora de Inglés en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.
En EE.UU. obtiene primero el grado de Magíster y, más tarde, en 1930 el Doctorado en Filosofía.
En 1932 se funda el Liceo Experimental “Manuel de Salas”, donde asume la Dirección.
En 1945 asume la dirección de la Comisión de Renovación Gradual de la Educación Secundaria.
Se desempeña como Profesora e Investigadora en el Instituto Pedagógico, contribuyendo al desarrollo de la institución.
En 1978 recibe la Orden al Mérito Docente y Cultural “Gabriela Mistral” del Gobierno de Chile.
En 1983 recibe el Premio Internacional de Educación “Andrés Bello”, OEA.
Obras: “La metodología en las Ciencias de la Educación”, “La Investigación Pedagógica en Chile”
Fallece el 28 de abril de 1987.


HAYRA GUERRERO DE SOMMERVILLE

Se desempeñó como Profesora de Ciencias Naturales y Física en el Liceo Superior.
Cautivaba a sus alumnas realizando una actividad desusada en esa época: experimentos.
Maestra prodigiosa en su enseñanza y un ejemplo en el cultivo de las virtudes humanas.


ISAURA DINATOR DE GUZMÁN

Nació en abril de 1885.
Estudios primarios en el Colegio Alemán de Santiago y los continuó en la Escuela Francisco Arriarán.
Sus humanidades las realizó en el Liceo de Niñas Santa Teresa.
Se recibió de Bachiller en Filosofía y Humanidades en abril de 1901.
Se matriculó en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.
Profesor de Estado en Matemática el 23 de Diciembre de 1903.
Esta notable educadora tiene el gran mérito de haber abierto caminos por donde las jóvenes chilenas accedieron a la educación y al servicio público de la nación.
Concedió el honor de dar su nombre a un establecimiento educacional en vida., También, fue la primera mujer designada como miembro del Consejo de Instrucción Pública.

MARTA PIZARRO VÉLIZ

Nació en la ciudad de La Serena.
Alumna destacada de la Escuela Normal de la Serena.
En 1929 es nombrada profesora de la Escuela Experimental “Dalton”
En 1935 realiza curso de Formación de Profesores Guías.
Entre 1941 y 1951 se desempeña como Directora de la Escuela de Aplicación Anexa a la Escuela Normal Nº 2.
En 1951 es nombrada Directora de la Escuela Normal Nº 2.
En 1953 participa en el estudio de la Reforma de Programas de la Educación Rural.
En 1961 es llamada a colaborar en el Centro Latinoamericano de Especialistas en Educación, que auspicia la Universidad de Chile.